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  • Padre Luis Connaughton

    “Yo tuve el privilegio de llegar a la Zona Oeste en el mismo año que don Enrique. Al principio no tuve conciencia de ese privilegio, porque en las primeras reuniones alguien hablaba del vacío que iba a producirse por la ida de don Fernando... Pero como sabemos ese vacío no se produjo.

    “Me pidieron que hablara unas palabras sobre don Enrique y los extranjeros de la zona. Me acuerdo que en un tiempo en el decanato nuestro había doce de distintas nacionali-dades, y don Enrique tenía una enorme capacidad de mantener contacto con todos los misioneros y acoger individualmente a cada uno. Me acuerdo de una religiosa que llegó a la parroquia nuestra y se esforzaba mucho por aprender castellano, y al año después don Enrique le preguntó que cómo iba en los estudios, entonces ella le contestó que bien, ahora puedo hablar más bien, y él le pregunta que acaso puede ahora  entender lo que le dicen. Y ella contesta, sí yo creo que entiendo 80%. Y él dijo, que estupendo porque yo casi nunca logro entender más de un 50%.

    “El me dio algunos consejos, cuando yo le dije qué esperaba de un extranjero que llegaba a trabajar a la Zona. Esto se puede resumir en cuatro consejos. Cuando yo le pregunté sobre la actitud que él espera de la persona que llega, él me dijo, creo que lo más fundamental es el cariño por la Iglesia que viene a servir, y que ese cariño te guíe a comprender la cultura, la religiosidad popular, todas las dimensiones de la Iglesia que viene a servir.

    “El segundo consejo fue sobre la manera de evangelizar, me dijo, la evangelización significa pregonar el mensaje del evangelio en una forma que responda a las necesidades y exigencias de un pueblo que va a tener distintas acentuaciones en cada parte, no es una cosa hecha y nunca vas a poder evangelizar, a enseñar, si no aprendes a escuchar bien, y aprender de la sabiduría, de la experiencia del pueblo al que estás sirviendo.

    “El tercer consejo fue más bien una sugerencia sobre la relación entre Iglesias, que no se limite a una relación a mandar sacerdotes, religiosas, para llenar vacíos, que no sea tampoco una relación de ayuda económica, que debemos hacer un esfuerzo de poner en contacto las comunidades y los laicos de los países. Que hubiera primero un contacto de evangelización en cada país, los problemas que enfrenta la Iglesia en cada país y después una segundo paso sobre los servicios que se pueden prestar mutuamente, que no sea una cosa unidireccional.

    “El cuarto consejo fue de evitar siempre la tentación de traer una Iglesia hecha, o pedazos de una Iglesia prefabricada. De tener una sensibilidad siempre a la Iglesia que va naciendo y las Iglesias que van construyéndose desde las comunidades de Chile.

    “Son consejos cortitos pero que para mí significaron mucho porque me dio mucha materia para reflexionar en ese campo”.

     

     

 
 
     
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Don Enrique Alvear