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La Familia y la nueva sociedad

  1. Toda paz que no tenga por fundamento la roca Jesucristo y los grandes valores del Evangelio: la verdad, el amor, la justicia, la libertad será una paz pasajera, muy frágil.

  2. Todo hombre que se abre a los grandes valores del Evangelio el amor, la justicia, la apertura a Dios, la fraternidad, la igual dignidad de todos los hombres, el derecho a la participación social de los pobres y desamparados, etc., todo hombre que se abre a estos valores, aun sin conocer al Señor, colabora en la historia de la liberación humana, que él anima con su Espíritu.

  3. Después que Cristo murió en la cruz y resucito glorioso, ningún sacrificio es vano “si el grano de trigo cae en tierra y no muere, queda infecundo; en cambio, si muere, da fruto abundante” (Jn 12,24.25). Y desde entontes, cada grano de trigo humano que cae y muere por una causa justa, anuncia la flor, el fruto abundante, allí están comprendidos todos los que entregaron su esfuerzo, su sacrificio y hasta su vida por defender una causa noble en servicio del hombre, aun los que lo hicieron sin conocer a Jesucristo y sin las motivaciones precisas de Evangelio.

  4. Con la fuerza de su testimonio de amor, con la confianza en el Dios de Jesucristo, expresado en vigilias de ayuno y oración, con sus claras denuncias y sobre todo, con el arma poderosa de la palabra de Dios, la Iglesia quiere golpear las conciencias de quienes dañan con su injusticia para que se respeten y reconozcan los derechos de los pobres y de los desamparados.

  5. “Algo nuevo está naciendo”
    Cuando hay un hermano que sabe amar y saber amar con todas sus consecuencias y cuando ese hermano tiene una razón profunda en su compromiso con los pobres y en la defensa de la justicia y de la dignidad de las personas.

  6. ¡Despierta en ti tu responsabilidad de jugarte por la vida! Allí donde la ausencia de Cristo, o tan solo de sentido humano produce mentira, injusticia, violación de la dignidad humana, odios, cualquiera que sea el sector que lo manifieste, no te hagas cómplice con tu silencio o pasividad de actitudes que dan muerte o hieren a la persona humana.

  7. Una pareja contrae matrimonio y recibe la gracia del sacramento.  Ambos, ya pueden decir: “somos esposos”, pero también tienen que decir: “debemos hacernos esposos en la vida diaria”.  Afrontando muy variadas situaciones irán aprendiendo a ser esposos, a reaccionar ante los hechos como esposos.  Igual cuando nace el primer  hijo pueden decir “somos padres”, pero deberán recorrer un largo camino para hacerse padres y actuar como tales unidos a la historia de sus hijos.

  8. Los esposos deben estar dispuestos a dar la vida el uno por el otro en todas las pequeñeces de la vida cotidiana para que el amor perdure y sea, entonces, fuerte para resistir las pequeñas y grandes borrascas que nunca faltan en la vida de los casados.

  9. Poco ayuda a hacerse esposos si éstos solo conversan cuando surgen problemas difíciles, más agudos y tal vez con el peligro de arruinar su hogar, de poco vale si solo de cuando en cuando ellos tratan de hacerse esposos para hacer un solo camino; esto es un quehacer de todos los días; el entenderse, el quererse, el comprenderse, el disculparse, el ponerse siempre en la perspectiva del otro, el buscar siempre los puntos de contacto, en lugar de empezar descubriendo los puntos de divergencia o las cosas que separan.  Hay matrimonios que se quiebran porque no se ha hecho el camino de comunión de todos los días.

  10. Hay matrimonios poco maduros, como adolescentes y cuando tienen dificultades no se atreven a afrontarlas o las afrontan muy solitariamente, “esto no se lo cuento a mi esposa porque le hace sufrir”, “esto no se lo cuento a mi esposo porque le va a dar un mal rato” y hay muchos matrimonios que encuentran miles de justificaciones muy inteligentes para no abordar las situaciones que son duras o difíciles, o ambiguas y entonces nunca terminan de hacerse esposos.  Tal vez no piensan separarse, no piensan deshacer su unión matrimonial y su familia, van a seguir caminando, dos líneas paralelas que van bien cerca, una de otra, pero siguen siendo paralelas.

  11. Cuando dos esposos se aman de verdad y tienen un conflicto, dicen:  “nos queremos, queremos a nuestros hijos, no queremos separarnos, tenemos que arreglar nuestro conflicto” el amor profundo de los esposos, el amor a los hijos, el amor al compromiso que han asumido como esposos y como padres, los lleva a encontrar el arreglo en la verdad y en la justicia.

  12. Una familia necesita del amor de los padres… sabemos la importancia que tiene el haberse formado en un hogar en que los padres se amaban, ellos forman a sus hijos en el amor; pero si en ellos no hay amor constante, fiel abnegado, por lo general, están incapacitados para dar a sus hijos la formación en el amor que ellos necesitan para su vida.

  13. Los matrimonios van cultivando sus talentos, los dones que Dios les ha dado a cada uno, los van cultivando en común para ponerlo al servicio de sus hijos y al servicio de todos los hombres.

  14. Cuando a  una pareja llegan los hijos y comienza la responsabilidad de educarlos, de orientarlos; como nunca yo creo que los esposos, los padres sienten su responsabilidad… no somos solo el papá y la mamá, sino somos los padres, los dos somos responsables de ayudarles a buscar su camino en forma personal, los dos somos responsables de comprenderlos, de ayudarlos, de caminar con ellos… los dos tenemos que preocuparnos y conversar permanentemente sobre nuestros hijos.

  15. Hay muchos hogares en que no se aprende a amar; se aprende a odiar, o se aprende a ser muy cariñosos con algunas personas y muy fríos con otras, muy atentos y muy sonrientes con algunos y muy altaneros con otros,  los hijos van aprendiendo las diferentas; con tales personas hay que ser atentos y con las otras ni mirarlos ni darles la mano; a unos hay que hablarles bien, sonreírles y a otros mirarlos lo más duro posible y los niños van aprendiendo de los padres.  Hay hogares que debiendo ser el centro de la difusión, como el laboratorio del amor, se convierten en laboratorio del odio, porque ahí los niños aprenden a odiar, aprenden a hacer diferencias, distinciones sociales, aprender a ser hipócritas porque van a decir: nosotros somos cristianos, pero no viven como tal, cometen muchas injusticias y muchas mentiras en su vida.

  16. Hacerse esposos para afrontar la vida y para hacer historia, para que los hijos vayan aprendiendo con sus padres a no ser seres pasivos, a tomar parte en la vida con responsabilidad, en las instituciones, en las organizaciones, a tomar parte en la visión del evangelio para transformar al hombre, transformar la sociedad desde adentro, éste es el compromiso de un matrimonio cristiano, de una familia cristiana.

  17. Muchos matrimonios creen que son padres porque han creado vida “físicamente”, han dado hijos.  Ignoran muchos padres, muchos matrimonios muy cultos, que no basta con dar vida física, que el auténtico padre es el que está creando vida incesantemente, haciendo que la vida se desarrolle, se desenvuelva, y llegue a su plenitud.

  18. Los esposos viven en este mundo, no son dos en un camino a la Luna o al planeta Marte, son dos que hacen un camino en esta vida y que quieren ser constructores en esta vida; esta es la gran misión que nos ha encargado Cristo, construir una historia junto con él, ser constructores, ser creadores de la historia y la historia se va haciendo en medio de la vida real, en medio de los conflictos…

    Hacerse esposos significa afrontar la vida, ser creadores no competidores, no los que se dejan arrastrar por la historia, sino que se sienten imagen de Dios, porque están formando una familia y quieren que esta familia entre en una historia y que no sean seres pasivos de la historia.

  19. Los esposos cristianos se van haciendo esposos al compartir sus juicios, sus criterios para poder afrontar la vida como agentes, como protagonistas, no como seres arrastrados siempre por el ambiente.  Los esposos cristianos tienen que ir transformándose en una generación nueva que con más fuerza, con más sentido cristiano, con una fe más profunda actúa en la vida para cambiar la vida, no para mantenerla como es, porque el Reino de Dios quiere eso, ir cambiando el corazón del hombre, el corazón de la sociedad si hay materialismo, egoísmo, olvido de los grandes valores que Cristo ha traído a la tierra para que el hombre los viva y sea feliz, es indudable que ninguna familia cristiana puede esconderse en su rincón y hay muchas familias cristianas escondidas en su rincón que no participan.

  20. Jesús resucitado sigue mirando a la multitud a través de nuestros ojos, ¿y qué ve hoy? ve una multitud de hombres trabajadores ganando un salario mísero con el cual no alcanzan a comprar “la canasta familiar”… ve a muchas mujeres trabajando en condiciones humanas mínimas para llevar un pan a sus hijos.

  21. Un matrimonio, al hacerse auténticamente cristiano descubre lo profundamente humano del hombre y de la mujer.  Lo auténticamente cristiano no es separar al matrimonio de la vida real.

    El matrimonio que quiera ser verdaderamente cristiano tiene que ser una pareja de dos seres humanos, hombre y mujer que viven su vida en unión íntima y van creciendo: pero que esto les ayuda a estar más sumergidos en la vida real, en los conflictos de la vida política, económica, social, cultural, deportiva, etc… juntos van afrontando la vida real, y juntos van encontrando respuesta y así van formando su familia.

  22. La juventud quiere decirle a los adultos… nosotros somos la generación que tenemos que afrontar los años venideros y que tenemos que tomar en nuestras manos el destino… ésta es la misión que nos encomienda el Señor Jesucristo, el Señor de la historia, y le pedimos a ustedes adultos que no nos dejen un mundo deshecho, que no nos dejen un mundo cargado de odio, de enemistades.  Déjennos un mundo que nosotros podamos seguir trabajando para que se consolide la fraternidad, la paz basada en el amor; en la verdad, en la justicia.

  23. En un mundo en que hay tantas divisiones, tantos antagonismos, tanta falta de participación, tantas injusticias, tantas mentiras, el matrimonio y la familia cristiana debe ser el testimonio de la verdad, de la justicia, del compartir la vida, de borrar todo tipo de egoísmo, estos orgullos, estas actitudes de soberbia, de prepotencia; se han aprendido a superar porque se han ido haciendo esposos para ser verdaderamente padres, padres creadores de vida, una familia que acentúa siempre el amor al prójimo, la actitud siempre de apertura a los más pobres y abandonados…

 

 
 
     
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Don Enrique Alvear